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| Fecha de Ingreso: ago 2009 Ubicación: colombia - medellin
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Poder de Credibilidad: 509 ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Reputación: 23925 | A escasas horas, posiblemente, de que la Corte Constitucional determine la exequibilidad o no de la ley que convoca a un referendo que permita la segunda reelección, dos constitucionalistas dan sus argumentos sobre por que sí es constitucional y por qué hay que declararlo inexequible. Que el pueblo sea el que decida Juan Manuel Charry Urueña Ex magistrado y profesor universitario Hay que diferenciar dos temas: uno, el del referendo como instrumento de participación ciudadana; y dos, el contenido del referendo que es la posibilidad de una reelección presidencial. En cuanto al primero, la participación ciudadana fue el antecedente de la Asamblea Nacional Constituyente, con el fenómeno de la séptima papeleta, que no fue contabilizada y que el gobierno de la época la tuvo como una manifestación ciudadana que le permitió dictar un decreto de Estado de Sitio convocando a la Constituyente y que la Corte Constitucional así lo entendió y lo encontró ajustado a la Carta Política, a pesar de que en aquella época existía la prohibición de reformar la Constitución por una vía distinta al Congreso de la República, como lo había establecido el Plebiscito de 1957. En la Carta del 91 se estableció la participación como valor fundante, lo hace en el Preámbulo y en el Artículo Primero, consigna además la participación ciudadana como derecho fundamental (Art. 40) y vuelve y señala la participación ciudadana como un procedimiento de la democracia participativa en el Artículo 113. La Ley 134 regula la participación ciudadana, en mi opinión, de una manera reglamentarista, con muchos requisitos, que en la práctica ha hecho que ese valor tan importante no haya tenido los desarrollos que se requerían o que se esperaban, tal vez con excepción del Mandato por la Paz, que tuvo poco más de 10 millones de votos y de la consulta popular del Día sin Carro en Bogotá. En ese orden de ideas, resulta fundamental que en este caso la iniciativa de referendo llegue a feliz término, en el sentido de que los ciudadanos puedan votar para resolver un asunto tan importante como el de la reelección presidencial, que no debe ser resuelto con argumentos de oportunidad o estratégicos para buscar que se declare la inconstitucionalidad de la ley de referendo. Si bien es cierto que uno podría pensar que hay defectos en el trámite, éstos no tienen la entidad suficiente de viciar la convocatoria a referendo. Ni la gente firmó por una reelección en 2014, como lo pretenden hacer ver los opositores, ni el Congreso debatió dos textos distintos. Tampoco considero que la extemporánea publicación de un decreto que cita a sesiones extras pueda viciar el proyecto, porque la publicación de un decreto busca es garantizar que los destinatarios conozcan la norma y no puedan alegar ignorancia para evadir su cumplimiento, y así con los otros puntos en discusión. Todo esto para decir que puesto a la inversa es tanto como afirmar que los ciudadanos no podemos tomar decisiones de importancia para la sociedad y para la vida política si hay una certificación mal expedida, un decreto que se publica tarde o una irregularidad en la financiación. Creo que quienes debaten estos temas han llevado los ejemplos al absurdo y en su ánimo de evitar la reelección están poniendo en riesgo la existencia y eficacia misma de la participación ciudadana, que de por sí ya está debilitada. Contrastado con otro punto, y es que en materia de reelección, yo soy partidario de votar no a la reelección presidencial. Pero votar no, en el sentido de que la decisión ciudadana es la que debe resolver esa situación y no el debate entre opositores y simpatizantes. Debe ser la sociedad la que decida por el sí o por el no de manera suficiente, que resuelva el debate satisfactoriamente y no que se resuelva por mecanismos que dejen insatisfechos, tanto a simpatizantes como a los opositores. La participación ciudadana tiene límites Juan Carlos Esguerra Portocarrero Ex ministro y constitucionalista Frente a este tema de la reelección, hay que tener en cuenta una serie de factores, todos importantes. Uno, el de que la idea de la democracia no puede entenderse simplemente en el sentido numérico de la expresión, sobre la base de que eso habilita a la mayoría, en cualquier momento, a imponer su voluntad, incluso en contra de los planteamientos básicos de la institucionalidad y de la propia Carta Magna. Por otro lado, es preocupante el hecho de que no pocos comentaristas hayan venido sosteniendo que es perfectamente posible que el Congreso le haya corregido la plana al pueblo en el referendo, sobre la base de cambiar el texto que fue aprobado por el propio constituyente primario, diciendo que hay que hacerle "hermenéutica" a la decisión del pueblo, porque lo que dijo el pueblo no fue lo que dijo, sino lo que quiso decir, y que lo que quiso decir fue un tanto distinto de lo que dijo. A mí me parece que eso es absolutamente inconstitucional y abiertamente peligroso, pensando hacia el futuro de que cualquier autoridad pueda, desde el Congreso y mañana el Presidente de la República, o alguien, cambiar la voluntad del pueblo sobre la base de hacerle una interpretación, diciendo que es clarísimo que lo que el pueblo quiso decir fue una cosa que resultó un tanto distinta a lo que dijo. Esos son elementos que hacen muy difícil que la Corte Constitucional pueda convalidar la ley sobre el referendo reeleccionista. Y que por la vía de la utilización de los instrumentos de participación ciudadana puedan cambiarse reglas básicas de la institucionalidad, también son preocupantes, no porque yo sea opuesto a los mecanismos de participación democrática, sino que no creo que por esa vía pueda pasarse por encima reglas que están establecidas para proteger a las mayorías, para proteger al pueblo como un todo, para, incluso, proteger a las mayorías de sí mismas y de sus propios arranques de emotividad en un momento determinado. Esas reglas básicas tienen que sostenerse, porque en el país hay que proteger, incluso, el futuro del presente. En otros ámbitos, incluidos los periodísticos, en los que yo procuro no meterme, se han dado otros elementos que también es necesario tener en cuenta. La utilización del poder para efectos de poder reelegir o de mantener en él a quien lo está ejerciendo resulta también contrario a la democracia. Cuando alguien tiene instrumentos de poder como los consejos comunales, o como postular a los candidatos para la Corte Constitucional, la Fiscalía, y otras posiciones fundamentales, es necesario poder garantizar los pesos y los contrapesos. Otra concentración de poder está en la facultad de nombrarlos. Eso, directa o indirectamente, como dirían los billaristas, es jugar a dos, tres bandas y puede servir para favorecer las aspiraciones reeleccionistas de un gobernante, lo que resulta absolutamente antidemocrático.
__________________ PAISACRUEL Ya huele a semana santa |
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